Ayer vagué por las calles conocidas como si no las conociera, yo no sabía ni dónde estaba, pero Yo sabía a donde iba a las 4 de la mañana
Ayer descubrí lo inútil de los esfuerzos que van más allá de lo "normal", en el silencio de la madrugada.
Ayer averigüé que solo a mi me importo.
Hoy no pude siquiera pasar cerca de la misma banca.
Hoy no pude siquiera caminar las mismas calles, quizá era el mismo sitio, pero no las mismas calles.
Hoy tuve la certeza de haber perdido un pedazo de algo.
Ayer inició un recorrido distinto, cuando fui abandonada a las 4 de la mañana en una banca cualquiera de un parque, como el pedazo de humano indefenso, que le estorba a sus padres, sólo envuelta en algo abrigador para no vivir con remordimiento, pero con el deseo secreto de que no sobreviva.
Gabriela
29 de noviembre 2008
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