–¿Cuantas veces me has roto el corazón?– preguntó Sofía sin mirar a los ojos de nadie.
–¿Cuántas veces más se puede romper?– le respondió la sombra agazapada en la entrada de una vieja vecindad.
– No lo sé, quizá ninguna más, pues cada vez siento que muere un poco, que se quedan pequeños huecos entre las grietas que no logran sanar del todo, y no quiero hacer la prueba, tengo miedo de no volver a levantarme, de amargar mi existencia y ser una más en las estadísticas de quienes terminan odiando a los hombres y deseando tener a alguien cerca para consolarlas, aunque les hagan la vida miserable, pero estar más solas que un cadáver fuera de temporada de muertos en el panteón más popular del pueblo más alejado de la civilización.
Sofía argumentaba con vehemencia tratando inútilmente de evadir la realidad, demasiado gráfica, muy dramática y poco consistente.
– ¿Y aún así permaneces de pie ante mi?– respondió la voz desde la oscuridad
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1 comentario:
me gusta tu prosa, y eres hábil para dejar ver cosas, si se quieren ver, si no, de todas formas dejas una buena lectura
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