viernes, 22 de agosto de 2008

manos sucias y frías

Las manos de la ciudad son frías y asperas; te arrancan la paz de un sólo golpe y te dejan tirado en el suelo, con manchas y raspones. Contrastan con los ojos que miran los mil colores de sus calles y las sombras al atardecer.

No odio a mi ciudad, pero a veces duele vivirla, sus murmullos y sus ruidos son gritos callados pidiendo auxilio, y sus puertas cerradas la evasión de la realidad, la mirada desviada y los oídos sordos

Camino por sus calles rozando el brazo de alguien al pasar y puedo percibir que en cada transeúnte esta el calor de la vitalidad que la caracteriza, tan llena y tan solos cada uno en ella. La ciudad nos pasa por delante indiferente y dura, juiciosa y sádica, la paz que te arrebata no te la devuelve, solo te recuerda como era en cada entrada, en cada pasillo, en cada rincón y esquina

Mi ciudad no es mi hogar

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